Teño que recoñecelo: tan pronto vin que había un novo libro de Maggie O'Farrell non agardei máis. E non defrauda, novamente. Publicada asemade pola editorial Salamandra, Instrucciones para una ola de calor é unha novela deliciosa que fala da procura da verdade, da familia, deses camiños que adoitamos seguir sen cavilar e que constitúen, as máis da veces, auténticas sorpresas. E fala de recordos, de loitas, de amores...Personaxes fascinantes todos eles, sobre todo a filla pequena cun problema lector, e unha historia familiar agochada sorprendente que se nos vai esfiañando pouco a pouco. Porque o peso da novela é realmente a vida de cada un deles, unha vida chea de pesadumes ocultos que é hora de que saian á luz, porque as aparencias non sosteñen unha vida e o noso instinto de supervivencia é superior a todas elas.
De todos os xeitos, sigo a quedarme con A estraña desaparición de Esme Lennox... (en galego grazas á editorial Galaxia)
«Después de poner de nuevo el pan en la rejilla para que se
airee, Gretta toma una cucharada de mermelada, para poder seguir
tirando, y luego otra. Echa un vistazo al reloj. Y cuarto
ya. Robert debería estar de vuelta. Tal vez se ha encontrado
con alguien y se han puesto a charlar. Quiere pedirle que la lleve en
coche al mercado esa tarde, cuando las multitudes que se dirigen al
estadio de fútbol ya se hayan dispersado. Necesita un par de cosas,
harina, huevos… ¿Adónde podrían ir para escapar del calor? A lo mejor a
tomar un té al sitio ese donde hacen unos bollos tan buenos. Podrían dar
un paseo cogidos del brazo, tomar el aire. Hablar con gente. Es
importante mantener a Robert ocupado: desde su jubilación, puede
tornarse melancólico y taciturno si se queda mucho tiempo encerrado en
casa. A Gretta le gusta organizar esas salidas.
Atraviesa el salón, abre la puerta principal y sale al camino particular, soslayando el oxidado esqueleto de la bicicleta que utiliza Robert. Mira a la izquierda, mira a la derecha. El gato del vecino arquea el lomo y echa a andar con refinados pasos felinos por la tapia, hacia el lilo, donde procede a afilarse las uñas. La calle está desierta. No hay nadie. Un coche rojo maniobra más arriba. Una urraca gime y se lamenta en el cielo, traza un círculo con el ala apuntando hacia abajo. A lo lejos, un autobús renquea colina arriba, un chico avanza con una moto. En algún lugar, alguien enciende una radio. Gretta pone los brazos en jarras y llama a su marido una vez, dos veces, y la tapia del jardín le devuelve el sonido.»
Atraviesa el salón, abre la puerta principal y sale al camino particular, soslayando el oxidado esqueleto de la bicicleta que utiliza Robert. Mira a la izquierda, mira a la derecha. El gato del vecino arquea el lomo y echa a andar con refinados pasos felinos por la tapia, hacia el lilo, donde procede a afilarse las uñas. La calle está desierta. No hay nadie. Un coche rojo maniobra más arriba. Una urraca gime y se lamenta en el cielo, traza un círculo con el ala apuntando hacia abajo. A lo lejos, un autobús renquea colina arriba, un chico avanza con una moto. En algún lugar, alguien enciende una radio. Gretta pone los brazos en jarras y llama a su marido una vez, dos veces, y la tapia del jardín le devuelve el sonido.»





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