Blogue de Gracia e de Anxo, blogue de pingas e de icebergs, do que nos preocupa ou nos chama a atención, de biblioteca e de aula.

12/10/12

As mulleres tamén rin

Veño de topar este artigo que coido é moi interesante:

¿De qué se ríen las mujeres?

ines20parisINÉS PARÍS. ¿Sabíais que las mujeres que asisten a una representación de teatro o a una película se ríen mucho más si no hay varones en la sala? Es curioso, ¿verdad? Todavía hoy en día las mujeres inhiben sus carcajadas ante los hombres. ¿Por qué?
Imaginad la siguiente escena: una mujer de mediana edad, casada, madre de varios hijos, que durante la cena de Navidad se dedica a contar chistes subidos de tono, que cuando su hijo se resbala y cae al suelo sufre tal ataque de risa que se troncha, se desternilla, se “descojona”, se “parte el culo” de risa… o sea se descompone (pierde toda compostura). Su propia familia pensaría que se ha vuelto loca, que está borracha o histérica. Posiblemente a nadie le haría gracia la situación. Su hijo más pequeño se asustaría (en los cuentos solo las brujas se ríen así), su hija mayor pensaría que su madre no tiene edad para comportarse de esta forma y su marido… bueno, su marido sabe que si él sufre un ataque de descojono a todo el mundo le hará gracia. Pero no si le pasa a su señora. Esto no lo hacen las mujeres decentes, dignas, apropiadas… las buenas chicas, vaya.
Y así es, como dicen los manuales de buena educación, las chicas son serias, es decir, no enseñan los dientes, no desencajan las mandíbulas, no emiten sonidos estruendosos, no se retuercen y parten de risa (como mucho sonríen dulce y comprensivamente…)
Las buenas chicas tampoco se burlan de los demás (compadecen y cuidan a aquellos que suelen ser objeto de escarnio), no se ponen en ridículo a sí mismas (se cuidan, maquillan y enmascaran).
Y estas chicas buenas (las señoritas, las mujeres decentes, las dignas de admiración) tampoco hacen reír: no dicen chistes soeces, no hacen muecas, no se tiran por el suelo ni sueltan ex-professo pedos y eructos. En todo caso son ingeniosas.
Pero las mujeres que, en su conjunto, tienen prohibido reír y hacer el payaso, sí que son motivo de burla: por ser ingenuas, tontas, incultas, o demasiado listas, resabiadas y pedantes; por tener el culo gordo, las tetas enormes o demasiado pequeñas; por tener miedo de las arañas, por no saber usar armas de fuego, por conducir torpemente, por no saber pelear más que tirando de los pelos…por no entender los chistes. ¿No conocéis aquel?
Las mujeres se ríen tres veces cuando les cuentas un chiste:
Una: cuando lo oyen
Dos: cuando se lo explicas
Tres: cuando lo entienden
Total, las mujeres son objeto de burla pero no sujeto del humor.
¿Y esto, por qué?
El humor, sobre el que han corrido ríos de tinta (que no pretendo resumir en estas pocas líneas), es social. Tiene dos funciones básicas que al final son la misma: excluir y unir. Se excluye al que es objeto de la burla y cuyos rasgos se señalan para indicar que “es distinto” (tonto, frente a los listos / torpe frente a los hábiles / extranjero frente a los nacionales / negro frente a los blancos).
Y al tiempo este mecanismo se utiliza en el sentido inverso para unir al grupo que comparte la burla.
En este sentido el humor es “agresivo” y “cruel”, pero lo es sobre todo contra los más “débiles” porque lo humorístico es un mecanismo de escape que sirve sobre todo para restituir el orden establecido.
Pensemos en los carnavales, esa fiesta popular durante la cual está permitido “poner el mundo al revés”. Los disfraces, las borracheras, la fiesta, permiten subvertir y confundir las identidades, el tiempo y las jerarquías sociales. Pero un carnaval no es una revolución sino un mecanismo de escape: en una sociedad como la medieval servía para que todo volviese a su lugar incluso con más firmeza.
La ideología patriarcal ha utilizado el humor para ridiculizar a las mujeres que se “salían de la norma establecida”
Por lo tanto, la burla a los poderosos (iglesia, ejército, reyes) dura poco tiempo y es inofensiva. Sirve incluso para reforzar su poder. El humor no suele detenerse en estos sujetos sino en los que ocupan un lugar más frágil en la escala social: aquellos que no solo no pueden defenderse sino a los que es importante mantener “en su sitio”. Como a las mujeres.
La ideología patriarcal ha utilizado el humor para ridiculizar a las mujeres que se “salían de la norma establecida”: las sabias, las que no estaban casadas, las viejas. También ha reforzado los estereotipos y caracterizado a las mujeres como tontas, débiles y cobardes, o sea, necesitadas de un varón.
La clave de todo este proceso ha sido la exclusión de las mujeres como “autoras”. La ausencia de escritoras de comedias, pintoras satíricas, etc. es todavía hoy justificada con argumentos tan peregrinos como que el sentido del humor está ligado a la testosterona, como si fuese un impulso agresivo sin una historia social y una función.
Sin embargo, hay un espacio en el muy amplio universo de lo cómico donde las mujeres se han situado a la cabeza: en las llamadas “comedias románticas”. En este tipo de películas, a medio camino entre el melodrama y la comedia, han tenido un gran éxito autoras como Nora Ephron o Nancy Meyers. Yo misma lo he cultivado en mis películas. ¿Por qué ha resultado relativamente sencillo a las mujeres convertirse en las reinas de este género? Básicamente porque son películas “para mujeres”. Todas ellas tienen un “final feliz” (normalmente una boda o la culminación de amor) y además el tipo de humor que cultivan es del tipo “inteligente” (diálogos ingeniosos, ironía sobre las relaciones humanas) o sea, suave.
¿No nos gusta entonces a las mujeres el humor “políticamente incorrecto”? De esto se nos suele “acusar” a las autoras de comedia. Parecemos blandas y ñoñas frente a nuestros compañeros autores de “comedias gamberras”. Mientras nosotras hacemos piruetas sobre una pista de hielo, ellos pelean en el ring de los grandes autores cómicos.
Sin embargo… las cuchillas que utilizan los patines de las autoras de comedia están muy afiladas. Si nos fijamos en el tratamiento que dan (y damos) al género veremos que, el nuestro, es humor políticamente incorrecto “de verdad”. Es decir, nuestras comedias no se burlan de los negros, los gitanos, las chicas tontas, o los que son vírgenes a los cuarenta. Nuestras comedias ponen en duda la familia tradicional, defienden el amor a cualquier edad, cuestionan al machito tradicional, la maternidad idealizada, los roles de género y algunas otras “cositas”.
Y con frecuencia tienen finales felices pero rompedores (como cuando en “A mi madre le gustan las mujeres”, película que dirigí con Daniela Fejerman, casamos a las dos mujeres protagonistas)
Total, las mujeres hemos descubierto de qué nos gusta reírnos y que, como dijo Cervantes, el humor es un arma poderosa… contra el machismo (esto lo añado yo)

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